03 febrero, 2007

Levantarse con el pie izquierdo

Hay días que te levantas y desde ese momento todo empieza a ir mal.
Te duele la muela, olvidaste dejar el mando en su sitio y has dormido sobre él, por lo que te duele un poco la espalda. Para colmo, y sin saber por qué, tienes un derrame en el ojo que te hace parecer Lestat, el vampiro.
Llegas al curro y tienes una montaña de papeleo interminable que no vas a acabar en una semana.
Llega la hora de comer, y tras una conversación te das cuenta de que estás enamorado de quien no debieras.
Te preparas la comida (insulsa pero sana) y comes viendo una serie.
Llegas de nuevo al curro y tienes una reunión interminable en la que ves que no lo has hecho todo lo bien que debieras y que encima supone otra montaña de papeleo.
Te pones a correr bajo un frio desolador, y llegas a casa sudado y hecho polvo.
Te haces la cena y te tumbas en la cama para ver tus series. Quitas el mando de tu espalda.
El insomnio sigue y decides no darle tregua y no ponerte con el ordenador y apagar la tele, pero ahí sigue. Al final, tras unas horas de revolverte en la cama, te duermes de golpe sabiendo que dentro de 3 horas te levantarás para ir a currar.

Todavía hay gente que se pregunta porque soy tan gambitero... porque llega el finde y me despendolo un poco. Muy fácil, la mente me lo pide.
Claro, que la noche de ayer tampoco fue para tirar cohetes...

Lo peor de todo es que me gusta, aunque tenga días malos, el rumbo de mi vida, las cosas que me pasan... curioso, ¿no? (aunque si tuviera un millón de euros en el banco me gustaría más, jejeje).
Total, cambiar de vida solo supone tomar otro tipo de decisiones.
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